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Humedales urbanos: proteger bien también exige saber corregir

Humedales urbanos: proteger bien también exige saber corregir

La protección de los humedales urbanos constituye un avance necesario para Chile. Estos ecosistemas contribuyen a conservar la biodiversidad, regular los sistemas hídricos, mejorar el paisaje y fortalecer la calidad de vida de las comunidades. En una región árida como Atacama, nadie podría desconocer el valor ambiental y social del agua.

Red Comunales

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Por Víctor González Aravena
Ingeniero Civil en Obras Civiles y Gerente General de la Junta de Vigilancia de la Cuenca del Río Huasco y sus Afluentes

La protección de los humedales urbanos constituye un avance necesario para Chile. Estos ecosistemas contribuyen a conservar la biodiversidad, regular los sistemas hídricos, mejorar el paisaje y fortalecer la calidad de vida de las comunidades. En una región árida como Atacama, nadie podría desconocer el valor ambiental y social del agua.

Sin embargo, proteger adecuadamente también exige que las decisiones del Estado sean técnicamente fundadas, territorialmente pertinentes y susceptibles de revisión cuando nuevos antecedentes demuestren que pudieron adoptarse de una mejor manera.

El caso del Humedal Urbano Paseo Ribereño de Vallenar representa una oportunidad para avanzar en esa dirección.

Mediante una resolución dictada de oficio en 2021, el Ministerio del Medio Ambiente reconoció como humedal urbano una superficie aproximada de 98,4 hectáreas asociadas al río Huasco en su paso por Vallenar. Durante el procedimiento, el área inicialmente considerada, cercana a las 44,1 hectáreas, fue ampliada significativamente.

Una variación de esa magnitud debiera contar con una trazabilidad técnica especialmente rigurosa. La comunidad debería poder conocer qué antecedentes justificaron cada superficie incorporada, qué criterio biofísico fue verificado en cada sector, qué observaciones de terreno se realizaron y cómo se consideraron las obras de encauzamiento, defensas fluviales, parques, senderos, puentes, áreas verdes e infraestructura urbana existente.

No se trata de afirmar que toda la declaratoria fue incorrecta ni de desconocer la existencia de sectores con características y funciones propias de un humedal. Se trata de revisar si la delimitación representa adecuadamente la realidad física, ambiental, social y urbana del territorio.

El río Huasco no es un elemento periférico de Vallenar. Es parte de su identidad y de su estructura urbana. Atraviesa longitudinalmente la ciudad, separa físicamente sus dos riberas y, al mismo tiempo, las conecta mediante puentes, calles, senderos y espacios públicos.

Por eso, cualquier regulación que recaiga sobre este corredor debe comprender que no estamos frente a un ecosistema aislado de la presencia humana, sino ante un sistema fluvial integrado al funcionamiento cotidiano de la ciudad.

Vallenar necesita proteger su río, pero también mantenerlo, recorrerlo, iluminarlo, vigilarlo y recuperarlo como espacio público. Cuando no existe claridad sobre las intervenciones compatibles con la protección ambiental, pueden dificultarse labores necesarias como el retiro de residuos, la limpieza preventiva, el manejo responsable de vegetación, la mantención de senderos, la iluminación y la vigilancia.

Los espacios abandonados, ocultos o de difícil fiscalización pueden favorecer microbasurales, vandalismo, consumo problemático de alcohol y drogas y hechos delictuales. También pueden ser ocupados por personas en situación de calle, cuya realidad debe abordarse con políticas sociales dignas y efectivas, sin confundirla automáticamente con la delincuencia.

La protección ambiental no puede transformarse involuntariamente en abandono territorial. Conservación, seguridad, inclusión social y uso comunitario deben ser objetivos complementarios.

El río Huasco también cumple una función estratégica para toda la provincia. Es la verdadera carretera hídrica del valle: por su cauce se conducen las aguas que sostienen la agricultura, las actividades productivas, los ecosistemas y las necesidades de sus habitantes.

Su comportamiento en el tramo urbano está influido por la regulación del Embalse Santa Juana, las entregas de agua, las variaciones estacionales y la operación de infraestructura hidráulica. Esta realidad debe formar parte de cualquier análisis serio sobre su régimen hidrológico y su delimitación.

No sería correcto sostener que, por ser un río, el Huasco no puede formar parte de un humedal urbano. La legislación contempla las aguas corrientes dentro de este concepto. Pero tampoco resulta razonable asumir que toda superficie próxima al cauce, toda obra o todo espacio urbano deba quedar sujeto al mismo tratamiento.

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El corredor fluvial está compuesto por unidades diferentes: cauce activo, franjas ribereñas, terrazas, planicies de inundación, parques, defensas, puentes, caminos, senderos y redes de servicios. Cada una tiene características, funciones y grados de intervención distintos.

La delimitación debiera acreditar, para cada sector, la existencia verificable de régimen hidrológico, vegetación hidrófita o suelos hídricos. Esto requiere cartografía precisa, información multitemporal, levantamientos de terreno, análisis de vegetación y suelos, modelación hidráulica y antecedentes sobre la operación real del río.

Revisar no significa necesariamente reducir. Una revisión seria podría confirmar una parte importante del polígono, reforzar la protección de los sectores ambientalmente más valiosos, reconocer zonas de transición y corregir límites que no cuenten con respaldo suficiente.

El Estado debe contar con mecanismos para revisar sus decisiones cuando existan nuevos antecedentes o brechas de información. Cuando corresponda jurídicamente, también debería poder retrotraer determinadas etapas para incorporar los estudios y procesos de participación que resulten necesarios.

Retrotraer no significa eliminar la protección. Significa volver al punto en que una decisión requería mejores antecedentes para luego resolver de forma más sólida, proporcional y legítima.

En Vallenar no buscamos borrar el concepto de humedal urbano ni desproteger el río Huasco. Buscamos una protección aplicada en su justa medida: rigurosa donde existan valores ecosistémicos que conservar y suficientemente precisa para permitir la seguridad, la mantención, la conectividad y el uso responsable de los espacios públicos.

Queremos un río protegido, pero también limpio, seguro, accesible e integrado. Un río que conserve su biodiversidad, que continúe siendo la carretera hídrica del valle y que no se transforme en una barrera entre las dos riberas de la ciudad.

No necesitamos menos protección ambiental. Necesitamos una protección mejor fundamentada, adaptada al territorio y capaz de corregirse cuando la evidencia así lo justifique.

Proteger bien también significa saber revisar.

Junio de 2026.

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